El Señor Jesús en Mateo 28:19, antes de retornar al cielo, encargó expresamente a los apóstoles que hagan discípulos, “Bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.


Lo que le corresponde hacer a todo aquel que se ha arrepentido de sus pecados y ha confesado a Cristo como el Salvador de su vida, es bautizarse, así como está registrado en Hechos 2:41 y Hechos 8: 35-38, identificándose de esta manera con la muerte y resurrección de Cristo.

 









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